Nuestro viaje a Cuba: El Barco (días 30, 31 y 1)

Sábado 30: para ir de la Habana a Cienfuegos existen 3 opciones: coger un autobús Viazul, que tarda unas 6 horas en realizar el trayecto, coger un taxi con un trayecto de 4 horas por unos 180 CUC o alquilar un coche en Cubanacan o Havanautos. Los precios del alquiler son muy altos (hay que pagar seguro, y en nuestro caso en el que el coche se iba a quedar aparcado dos días en Cienfuegos, no interesaba en absoluto.
El camino a Cienfuegos pasa en su mayor parte por la autopista nacional (que llega hasta Santa Clara). Tiene tres carriles en muchos tramos, y el pavimento es irregular. Para ahorrar costes, en lugar de realizar puentes y túneles para elegir un destino, lo que hicieron fue introducir unas señales de precaución para reducir la velocidad y de repente un cruce. Era muy llamativo encontrarse a autoestopistas, a vendedores de ristras de cebollas, a bicicletas o a carros tirados por animales en medio de la autopista. Apenas hay gasolineras de camino, con lo cual no hay que dejar que el tanque llegue nunca a la reserva. Vimos plantaciones de azúcar de caña, muchas de ellas abandonadas, otras en funcionamiento. Nosotros salimos con la otra pareja a las 9h30 de la Habana y llegamos a las 14h a Cienfuegos.

Dejamos el coche de alquiler e hicimos una compra en el supermercado. Es curioso entrar en uno. Tienen el mismo producto repetido un millón de veces, pero en realidad tienen muy poca variedad. Por ejemplo: tienen café, azúcar, sal, pero no tenían caco en polvo, o ningún tipo de té o infusiones. En la sección de refrigerados sólo tienen un tipo de queso, uno de jamón york y un tipo de chorizo. No quedaba nada de pan, y no tenían ni tostadas, ni pan de sándwich. Los cereales eran de una sola marca, y además estadounidenses (!?!). La leche era concentrada (había que mezclarla con agua para obtener un litro). Aquí nos pasó algo divertido. Cogimos dos cajas de Bucanero “malta” creyendo que era cerveza. Menos mal que una amiga se dio cuenta y pudimos ir a cambiar las 48 latas de malta por auténticas cervezas. Con todos los trámites administrativos del barco se nos hizo las 16h30 para comer. Un pescado “grillé” con patatas fritas y ensalada. En este punto ya éramos de nuevo 8 personas.
El barco lo teníamos reservado para las 18h, pero pensábamos que nos lo iban a dejar antes (de hecho nuestro capitán quedó con el skipper a las 12:30h para ello), para poder irnos al punto de destino antes de que anocheciera ( a las 19h cae el sol). Pero cuando llegó nuestro turno para rellenar papeles en el control de inmigración, nos dijeron que las fotocopias de los pasaportes no nos valían, y que necesitaban nuestro visado y el pasaporte original!!!!! (y nosotros 6 los habíamos dejado en la caja fuerte del hotel, tal y como nos lo recomendó el responsable de la agencia, los recepcionistas del Hotel y el policía del día anterior!!). Total, que discutimos qué hacer en este problemón: si volvernos a la Habana (y abandonar la idea del barco, aunque ya lo habíamos pagado por adelantado), quedarnos en Cienfuegos a dormir o que fueran dos personas con un taxi a recoger los pasaportes. Se decidió esto último (bueno, dos personas del grupo, le echaron ovarios y fueron). Regresaron a las 00h de la noche (ese día sus cuerpos tenían 750 km recorridos). Y nos fuimos a dormir al barco. El tema es que el de inmigración dijo que sin documentación (sin papeles) no podíamos subir al barco, ni alojarnos en ningún hostal o casa rural. Así que esa fue la mejor decisión.Nos sentíamos como inmigrantes ilegales. Otro país, otras leyes, absurdas o no, fue nuestra negligencia lo que estropeó aquél día.
Yoli Capitan
Domingo 31: BARCO. Por fin pudimos coger el barco. Puedo asegurar que la primera parte (2 horas) estuvo genial (incluso cogí el timón), luego  tuvimos el mar en contra y la mar se picó. De 8 tripulantes que éramos, nos mareamos 4 (sí, muy cutres, no teníamos suficientes biodraminas para todos). Hasta que no llegamos al Cayo Blanco y nos pudimos dar un chapuzón, no se nos pasó. Estuvimos 10h navegando. La compañía de alquiler de barco nos decepcionó mucho. El skipper nos recomendó un sitio al que se tardaba demasiado en llegar (saliendo a las 9h de la marina-antes no se pudo, por culpa de unos documentos- y llegamos a las 18h y a las 19h era ya de noche).

Atardecer en Cayo Blanco

Pero lo peor no era eso. Nos dieron un barco con la sonda estropeada (encalló marcando 4 metros de profundidad, cuando en realidad había 1 metro). Menos mal que nuestro buen capitán, desencalló la quilla con cuatro maniobras.  Para el colmo de males, no funcionaba la cocina de gas, así que sólo comimos fiambre y ensaladas, y no pudimos cocer la pasta. Bueno, si quiere vivir una auténtica aventura y sentirte como Piscine Patel en La Vida de Pi , ya sabes, alquila tus servicios a Platten Sailing Cuba y reza para que te den un barco en buenas condiciones.

Arrecife

Lunes 1: devolver el barco. La travesía de vuelta fue más agradable, ninguno se mareó. Pero no teníamos nada que comer. Al recoger la vela mayor, de repente se atascó a medias. La ataron para poder entrar en puerto sin problemas. Llegamos a Cienfuegos a las 17h, y las cuerdas de la vela se desataron y se vivió un momento tenso. Tras entregar el barco, la mitad del grupo se separó. Unos para La Habana y otros nos fuimos a Trinidad. Llegamos tras una hora y cuarto de taxi. Vimos pequeños incendios en la carretera: provocados por la gente que tira las colillas. Vimos cangrejos bastante grandes que cruzaban la carretera. Nos contó el taxista que cuando es época hay millones de ellos cruzando y que es peligroso porque se pinchan las ruedas y no quieren hacer ese trayecto.

En Trinidad conseguimos alojamiento en una casa particular en la calle Lino Gómez y el propietario nos pidió los pasaportes  (menos mal que los teníamos). La cena nos gustó bastante: pescado grillé, sopa de tomate, y de postre dulce de coco. La habitación era cara, olía raro y era muy ruidosa. 20 CUC no me parecía un precio demasiado bueno. Por eso no digo el nombre, porque no la puedo recomendar. cómo llegamos a esa casa? por culpa de un avispado jinetero. Hay algo que odio de Trinidad, de La Habana, o en general de Cuba y es a los jineteros. Son esa gente irrespetuosa que te asedia para venderte su producto, engañarte, timarte o llorarte. Cuando llegamos con el taxi a Trinidad, preguntamos por una calle. Un joven en bicicleta dijo que le siguiéramos, y voilà, preguntó en qué casa habíamos reservado. Dijimos la que queríamos ir, y nos engañó. Dijo que él era el hijo y que estaba completa, pero que llamaría a su madre para que le diera alguna opción alternativa…y así es como acabamos en aquella casa. Supongo que el propietario le tendría que dar una propina por nosotros, dinero que nos cobraría directamente a nosotros en el precio elevado de la habitación.

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