Lanzarote segunda parte

Tercer día: lunes 31 de diciembre: Nochevieja: 168 km

La duda volvía a surgir. Ibamos a la Isla de la Graciosa? Hacía frío. Si no íbamos hoy tendríamos que regresar, y desde el martes estaríamos en el sur de la isla. Bueno, las distancias tampoco son muy largas, siempre podremos madrugar y regresar. Tras estas deliberaciones, pospusimos la excursión a la Isla de la Graciosa.

Encaminamos nuestra ruta hacia Arrecife. La capital de la Isla. Aparcamos el coche junto al Charco de San Ginés después de dar millones de vueltas.  El Charco de San Ginés es una laguna de agua salada, en torno a la cual se fundó la ciudad y donde aún se practica la pesca artesanal.

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De allí nos fuimos al Puente de las Bolas, que da acceso al Castillo de San Gabriel.

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Después de dar un paseo por la ciudad e ir de compras (Guille compró un trípode para su cámara), volvimos al coche y buscamos un lugar menos concurrido para comer. Pasamos por San Bartolomé. Fuimos a Tinajo, y comimos en un bar una deliciosa fideuá, con ensalada de entrante, postre casero, bebida y pan por 22 euros.

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Tomamos una carretera de tierra para llegar a Tenesa. Donde está el Caletón de las Ánimas y se puede ver a mucha gente haciendo parapente. Lo espectacular es ver la lengua de lava de las erupciones de los volcanes.

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Seguimos nuestro recorrido hasta La Santa, una urbanización en una pequeña península con curioso río donde la gente surfeaba. En La Santa tomamos unos ricos pasteles con café . Decidimos regresar a Orzola y preparar la cena de nochevieja, que iba a ser tranquila en un pueblo que parecía que se había quedado desierto.

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Cuarto día: martes 1 de enero: Año Nuevo: 70 km.

Dejamos el apartamento y nos dirijimos a los Jameos del Agua.

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Un jameo es un agujero que se forma por el desplome de un tubo volcánico, dejándolo al descubierto. Los Jameos del Agua reciben ese nombre porque dentro del tubo volcánico hay un lago, ya que está a un nivel inferior al del mar. Se encuentra en la parte final del tubo volcánico más grande de Lanzarote, de 7 kilómetros de longitud, resultante de la erupción del Volcán de La Corona, que originó la parte norte de la isla. La entrada cuesta 9 euros (qué casualidad!, los precios cambiaron el 1 de enero, si hubiéramos ido un día antes, hubieran sido 8 euros).

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En el lago de los Jameos del Agua habita una especie única: el cangrejo blanco albino. Es muy pequeño y brilla en la oscuridad de la cueva.  Además del lago, hay una piscina artificial, mesas del restaurante por todos lados. Hay un museo didáctico sobre volcanes, pero que se ha quedado un obsoleto. César Manrique fue el arquitecto, paisajista, escultor, pintor y ecologista que ayudó a Lanzarote a ser reconocida y valorada internacionalmente. Sin embargo, a mi Los Jameos del Agua me decepcionaron un poco.

De nuevo cogimos el coche y nos dirijimos a nuestro próximo alojamiento, un hotel en Playa Blanca. Queríamos hacer la ruta un poco diferente, y una vez llegandos a Tahiche, nos desviamos dirección San Bartolomé para ver la Geria. Es la zona de vinos de Lanzarote. Es curiosa la forma en que se cultiva la vid, protegiendo la planta del viento con un muro de piedra, y formando un cono en el lapilli hasta llegar al suelo. Se considera paisaje protegido. Por allí también se pueden visitar bodegas, pero ese día estaban cerradas.

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Pasamos por Yaiza y y Las Breñas y llegamos a Playa Blanca. Dejamos las mochilas en el hotel, hicimos la compra en el supermercado y paseamos por el pueblo. Tiene una venida marítima que no es fea, pero el pueblo es una sucesión de urbanizaciones y bares de fish&chips sin más. Podría ser Torrevieja, San Fulgencio, es decir, cualquier población fea al lado de la costa y saturada por la construcción, y no habría diferencia. Fue un poco decepcionante. Seguía sin hacer calor, y veíamos los días pasar sin posibilidad de bañarnos en ninguna playa.

Quinto día: miércoles 2 de enero: 47 km

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Por la mañana nos fuimos a ver el Faro de la Pejilguera y subimos al volcán que llaman la Montaña Roja. Nos comimos unos bocadillos en la cresta. Desde allí se veía la isla de Fuerteventura. Era una pasada.

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Cogimos de nuevo el coche y quisimos recorrer la costa. Fuimos a las Salinas del Janubio y tampoco nos pudimos bañar.

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Era tal la fuerza de las olas, que parecía que alguna nos iba a arrastrar. Luego nos dirigimos a Los Hervideros. Es una zona de acantilados volcánicos. Tiene ese nombre porque cuando el mar está revuelto, las olas golpean contra las rocas, se oye un gran estruendo y sale espuma como si fuera una olla hirviendo.

ImagenEn la carretera hay bastantes miradores para ver los acantilados. Y en Los Hervideros hay puestos de artesanía en el aparcamiento, y miradores habilitados.

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Sexto día: jueves 3 de enero: 91 km

Quisimos ir a la playa. Hacía viento pero el sol calentaba un poco más que otros días. Fuimos a las playas del Papagayo. Las Playas del Papagayo son un conjunto de pequeñas playas y calas en el Paraje Natural de Los Ajaches. Las playas tienen diferentes nombres: Papagayo, Playa Mujeres, Playa de la Cruz, Caleta del Congrio, Caleta Larga. Tenemos que pagar 3 euros por entrar con el coche.

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En primer lugar estuvimos en la Caleta del Congrio, pero deshicimos camino y fuimos a la Playa del Papagayo, que es una cala conforma de concha, entre dos acantilados. Nos tomarnos unas cervezas en el chiringuito, por poder ir al baño, y vaya precios. Fuimos paseando por el interior de  los acantilados y eligiendo las más bonitas.

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Comimos en Yaiza, en la Casa- Bodega de Santiago. Nos pareció caro. Se pagaba el status de ser “chic”. Poca cantidad (la guarnición era de risa), bonita presentación y calidad de lo más normal. Además de ser estos sitios en los que te miran mal por no pedir entrantes ni postre.

Por la tarde hicimos La Ruta de Los Volcanes, o “Montañas de Fuego”. El autobús o guagua te lleva 14 kilómetros por los volcanes del Parque Nacional del Timanfaya. Cuando pasan los 20 minutos de recorrido, vuelves al parking del Restaurante, y allí te hacen una demostración de la actividad geotérmica. El lapilli, la grava volcánica, está tan caliente que quema cuando te lo ponen en la mano. En un agujero meten aulaga seca y arde al instante. Y en unos hoyos, echan agua  e inmediatamente sale un geiser. En el grill del restaurante, que también aprovecha el calor del volcán, se alcanzan temperaturas de 150 grados. Queríamos haber cenado allí  viendo la puesta de sol pero a las 17h cerraba todo..y es que la temperatura había bajado de tal forma, que no era agradable estar arriba.Imagen

La puesta de sol la vimos en las Salinas de Janubio.

Séptimo día:  viernes 4 de enero: 70 km.

Regresamos a las Playas del Papagayo en un día con unos increíbles 22 grados, sol y un viento que venía del Sáhara. Había calima, pero ese día, sí, por fin pudimos bañarnos. la idea de ir la isla de la Graciosa quedó borrada de nuestros planes. Espinita clavada.

Por la tarde fuimos a buscar más localizaciones para hacer fotos, estuvimos en Yaiza, Femés y Playa Quemada.

Por la noche fuimos a tratar de grabar la estrellas de nuevo a esa costa, pero la contaminación lumínica que llegaba de Puerto del Carmen hacía que las fotos tuvieran esa luz roja característica.

Octavo día: sábado 5 de enero: 55 km

Dejamos el hotel y nos fuimos al pueblo El Golfo. Teníamos pendiente ver el Charco de los Ciclos. Se trata de una laguna de color verde esmeralda. Esta la laguna está en el centro de un cráter, justo en la costa.

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Comimos allí, en el restaurante Plácido, y la verdad es que es otro de esos restaurantes donde te sientes como un turista estafado. Nos cobraron por una parrillada con 3 pescados un precio que a priori no estaba mal (con la bebida y el pan, unos 40 euros). Pero ellos anunciaban que iba a compañado de ensalada y papas arrugás. El pescado estab a rico, pero eran 5 tristes papitas y 2 rodajas de tomate. No estoy exagerando. Por el mismo precio en Orzola habíamos comido más papas, una super ensalada mixta y marisco. Saben que somos turistas y que no vamos a volver, pero olvidan que existe el tripadvisor y los foros de internet.

Me da mucha rabia que a los turistas se nos vea como saquitos de dinero con patas. Hemos trabajado muy duro todo el año para disfrutar de unas vacaciones. Escogemos un destino español para ayudar como podemos a la situación económica y encima se nos quiere engañar de esta forma.

Seguimos con el coche hasta Playa del Carmen, hicimos las últimas compras y dejamos el coche en el aeropuerto. Ya se había acabado todo. En nuestro recuerdo, una isla de contrastes, colores y viento.

Famara Yoli

4 comentarios sobre “Lanzarote segunda parte

  1. Me sorprende (alegremente) la capacidad que tienes para contar tus viajes con tantísimo detalle. Confiesa que es porque vas tomando notas sobre el camino que luego repasas y contrastas.

    Muy chulo.

    1. Confieso que apunto los gastos, los km y el nombre del pueblo en mi miniagenda. Pero todavía recuerdo esos días, los recorridos, etc.. aún recuerdo Croacia, Budapest, Dublin, Berlin, etc, etc… creo que escribir el blog me va a ayudar con la memoria, jejeje.B7

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