Visita a Valencia en dos días

Esta entrada tendría que haber estado escrita y publicada hace un montón de tiempo. Pero así mientras subo las fotos recuerdo lo bien que lo pasé aquellos dos días y medio (aunque ese medio fue para ayudar en la mudanza), muy intensos con Xente.

Hete aquí que en dos meses de vacaciones apenas había visto a mi querido hermano. Nos llevamos 12 años, y claro está, de mi marcha a Suiza, él era una de las personas a las que más echaba de menos. Ahora mismo se encuentra haciendo el doctorado en Valencia, así que aproveché para que me enseñara el lugar en el que vive, trabaja, estudia y al que ama.

No os puedo hacer un itinerario real de cómo fue la visita. Imaginad que el centro de operaciones era bien Benimaclet o la Politécnica, ya que mi objetivo era aprovechar el máximo cualquier hueco que tuviera libre mi hermano para comer juntos, o cenar. Así que he decidido ordenar la visita por barrios o zonas.

Ciudad de la Artes y las Ciencias
Llegué desde Elche en menos de 2 horas de coche y aparqué cerca del Oceanográfico. Mi objetivo era pasar allí la mañana, y la sobremesa, porque hasta las 18h no salía mi hermano del laboratorio.

Todo el mundo me había dicho que el Oceanográfico valía mucho la pena. Pero mi gozo en un pozo. Ojo, que no digo que no valga la pena, sólo que había unas colas monstruosas para sacar las entradas. Y esperar al sol para pagar 28,50 euros, pues no me apetecía.

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Nota mental para la siguiente visita: comprar los billetes online e ir temprano. Desde luego que estar allí a las 12h era una idea tan buena, que a todos se les había ocurrido lo mismo. Desistí de visitar este acuario y me fui a pasear por el resto de los edificios de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

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Vi l’Hemisfèric, el Palau de les Arts, el Museu de les Ciències.

Había menos turistas que en l’Oceanogràfic y el calor de julio apretaba (32 grados). La entrada del Museo de las Ciencias valía 8 euros y además en ese momento había una exposición interesante sobre Tesla… Y se estaba muy fresquito dentro.

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Mantén el equilibro!

Hay un lago artificial que rodea el edificio y se puede subir a las barcas o kayaks para 2 a 3 personas por 2,50 (10 minutos) o subir a una burbuja o Waterballs para flotar en el agua por 5 euros. Este servicio estará hasta octubre.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAL’Hemisfèric a la izquierda, el Palau de les Arts al fondo.

Cauce del río Turia
Os recomiendo que cojáis unas bicicletas para hacer este recorrido porque bien vale la pena. Hablamos de 8 kilómetros del antiguo cauce del río Túria. Dicen que es el parque más grande de España. Se trata de un espacio recuperado para la gente, llena de árboles mediterráneos, un circuito 5K para corredores o runners, un estupendo carril-bici y espacios infantiles con columpios.

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Tenéis el Parque Gulliver, que es una estatura de 70 metros tumbada en el suelo, y en la que te sientes un liliputiense. La hicieron entre un arquitecto Rafael Rivera y un artista fallero (Manolo Martín). Cuando fui de pequeña me pareción que escalar por sus cuerdas y bajar por sus toboganes era una auténtica aventura. La entrada es gratuita.

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Yo aquí me fui a comer a una cafetería cercana. Se me habían antojado unas empanadillas de pisto y un zumo de naranja de verdad (ya sé que en verano no es la época de las naranjas, pero pequé). Aquí se podían comprar las famosas rosquilletas (mis favoritas son las de pipas), una especie de sequillos o galletas saladas. Después de comer me acerqué a la Plaza dels Cedres, no por turística (es famosa y polémica por el botellón que no deja dormir a los vecinos, y ahora está vallada). Allí me tomé una horchata con unos amigos que residen en Valencia. Uno de ellos es ilustrador, Sergio Sempere, y me regaló un precioso libro infantil ilustrado, sobre las Fallas. Os recomiendo que compréis un ejemplar, aunque de momento sólo está en valenciano!

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Otro de los días bajé al Parque de la Cabecera. La naturaleza allí te aisla del agobio de la ciudad. Es un entorno de verdes, agua, gente que sale a correr, o en bici, o jóvenes cazando Pokémons. También tienen el Bioparc.

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Port Sa Platja o Port Saplaya
A mi hermano le apeteció llevarme a Port Saplatja, conocida como la Venecia Valenciana o la pequeña Venecia. Se trata de una urbanización costera de Alboraya creada en los años 70, con las viviendas de colores; muchísimos baladres, jazmines y buganvillas, plazas porticadas, dos playas y un puerto deportivo interior. Es curioso.


Alboraya
Otro de los lugares al que nos acercamos en coche fue a la horchatería Vida de Alboraya. Es una antigua alquería de finales del siglo XIX, reconvertida en museo y cafetería, con una huerta con pavos reales y gallos, algo bonito para venir con niños. La horchata está muy rica y cuesta 2 euros el vaso.


La horchata es una bebida de chufa, y su sabor es muy dulce. Nosotros tenemos la expresión en castellano de “tienes la sangre de horchata” (que seguro que viene del valenciano “tindre la sang d’orxata”) para decir que es una persona a la que le falta empuje, fuerza, decisión. Aunque la verdad es que no lo entiendo, hay estudios que dicen que es una bebida afrodisíaca.

Albufera
Se trata de un lugar al que muchos valencianos se acercan a ver el atardecer, y es muy romántico. Vamos, que fui con mi hermano y su novia, y me sentí una sujetavelas total, jajaja. Paramos en El Palmar donde vimos la puesta de sol.

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Ays, qué bonic!

Los colores rojizos, púpuras y narnajas no se aprecian en las fotos que tomé porque no es una cámara muy buena. Pero mejor, así cuando vayáis allí os va a gustar mucho más.

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En vivo los colores son muuuuy intensos

Hay muchas excursiones organizadas para recorrer la Albufera, interesantes por ser un paraje natural.

Centro histórico
Para moverme por aquí, mi buenhermano me dió un bono para el transporte público (metro, bus y tranvía). Comencé mi recorrido por l’Estació Nord, estación de tren que es una auténtica maravilla modernista de 1917, de Demetrio Ribes.


Continué callejeando hasta el ayuntamiento. Es genial que el nuevo gobierno permita que podamos acceder a las instalaciones: hay salas que son preciosas y las vistas desde el balcón bien valen la pena. Al lado está la Oficina de Turismo.

De ahí me fui al Mercado Central, arquitectura modernista de 1914, y es sin dudarlo uno de los más bonitos que he visitado nunca. Hay stands de fruta, verdura, salazones, azafrán, aceite, comino, pistachos, gambas, sandías, dátiles, tomates secos, licores, laurel, pan, queso, etc. Aquí es donde tomé otra horchata, no tengo remedio, me encanta.


De ahí me perdí por la calles del centro, deambulando por la Lonja de la Seda, la Plaza de la Reina, la Plaza de la Virgen, Micalet, Carrer Bisbe, Carrer Palau..

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Ahí que me hubiera metido yo…

Llegué hasta la Puerta del Mar, construída como un homenaje a los caídos en la Guerra Civil Española (sólo a los de un bando) y que afortunadamente con la Ley de Memoria Histórica ya no tiene la inscripción del dictador. Al lado hay un parque precioso, La Glorieta, con ficus centenarios.

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Portal de la Mar

Como soy una popie sin remedio, me acerqué al Mercado de Colón, que es del año 1914, modernista, construído por Francisco Mora Berenguer. Está chulo: es una mezcla de mercado pijo y hipster, y los precios son caretes. Me tomé una cerveza artesanal bio a precio suizo, jajaja (3,75 euros).

Barrio del Carmen
También es el casco histórico, aunque lo he separado sólo para poder agrupar mejor las fotos. Fuimos una tarde hasta el Pont de Fusta, vimos Torres de Serranos y de Quart.

Callejeamos por el Barrio del Carmen persiguiendo graffitis, pinturas, murales…


Cenamos en La Pilareta, lugar icónico por los cubos que hay en la barra para tirar las conchas de las clótxinas o mejillones.

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Nos fuimos de birras al local de rock, La Parra. Y como era jueves por la noche, teníamos que regresar a las torres de Serrano para que mi hermano y su novia se marcaran unos bailes en un clandestino de lindy hop, después de un “gelaet” (un helado).

Benimaclet
Es un barrio de Valencia que hasta 1878 fue un municipio independiente. Tiene unas calles peatonales con viviendas de dos o tres plantas, sus balcones, sus azulejos, sus colores, sus macetas… me encantó la forma que tienen de combinar la tradición, la tranquilidad del pueblo, con la juventud de las propuestas culturales y alternativas.

Calles en las que fue una gozada pasear…

Azulejos que admirar…


Dibujos y graffitis que dan vida a los rincones.

Una de las comidas la hicimos en L’Olegari, es un café de ambientes estudiantil, alternativo con carta que va cambiando pero que siempre tienen alguna opción vegana, vegetariana y carnívora, con las verduras procedentes de su huerto y cervezas artesanales.

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Pizzas caseras y hummus

Ruzafa
Es el barrio que está de moda en Valencia (el Hipsterlandia), y eso significa un equilibrio precario entre el ocio nocturno, las terrazas masificadas y mantener las señas de identidad del barrio. Aún así, bien vale la pena una visita. También fue un municipio independiente hasta 1877.

Hay calles en las que verás tiendas de costura a medida, galerías de arte, estudios de diseño, cafés con encanto.

A mí me llamó la atención el Ubik Café (es una librería y café alternativo, con cerveza de barril de Cantabria, comida casera, intercambio de idiomas, club de lectura, etc). Es una ambiente genial y la decoración me recordó al imprescindible café Beldevere de Friburgo o al oasis literario que es Sphères de Zúrich.

Tampoco puedes perderte el Mercado de Ruzafa o Russafa.

Otros datos:
Como estuve con mi hermano, y él con sus 24 añitos es todo un cocinero, no tuve la necesidad de ir a muchos restaurantes o bares. Pero sí estuvimos un mediodía en la cantina o restaurante universitario que tiene el Colegio Mayor y se llama Bocalinda: un menú del mediodía riquísimo por 7 Euros.

Bicicletas: echad un vistazo a la web de la oficina de turismo. Existen multitud de opciones de alquiler, y algunos hoteles te las prestan con el alojamiento de forma gratuita. También existe la Valenbisi, que es una opción de abono para si vas a estar más tiempo en la ciudad.

Y después de escribir todo este rollazo, laaaaaargo, más largo que un día sin pan… Y aunque fuera en la calle esté lloviendo ya y haga frío. A mí, lo que realmente me apetece es una horchata…

5 comentarios sobre “Visita a Valencia en dos días

  1. ¡a la horchata me apunto! Yo también me la tomo, cuando estoy allí, en la Orchatería Vida. Se puede ir en bici, por carril bici, atravesando la Huerta, desde Valencia. Y de allí salir al mar, siguiendo el Carraixet, a la Ermita dels Peixets, Patacona y Malvarrosa. Sugerencia para quien vaya, y le guste ir en bici.
    Te cundió el tiempo en Valencia. Gracias por estas preciosas fotos de mi ciudad.

    1. Ohhhh, me faltó muuuucho tiempo. Pra naturaleza, ir a la playa, montar en bici, ver museos y darle la tabarra a mi hermano. Pero volveré (y a ver si te hago caso y sigo tu recomendación, gracias).
      Un besset

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